Década novena y segunda

Década novena (parte I)

La guerra en 1936 lo cambió todo. Aunque fue uno de esos pueblos en los que no hubo Guerra Civil, los sublevados se hicieron con el control de la población a las veinticuatro horas del golpe, lo que le hizo perder su trabajo y, milagrosamente, salvó la vida al escapar por la noche en su barca hacia San Fernando. Todo era represión y muerte en esos días. Los sublevados comenzaron a detener a alcaldes y concejales, sin
descartar cualquier persona que se hubiera señalado en cuestiones políticas y sindicales durante la República.
Su padre estuvo escondido varios meses, hasta que a principios de 1937 lo detuvieron e ingresó en la prisión de El Puerto. El hacinamiento y las condiciones higiénicas quebraron su salud, muriendo a los dos meses de su ingreso.

Década segunda (parte II)

El verano siempre es sinónimo de libertad. Esa libertad tiene un lugar: el patio. Decir “el patio” es como decir nuestra gran propiedad, nuestra parte del mundo acotada, donde los niños disfrutamos de juegos y compartimos el tiempo.
En realidad son dos patios. Al primero se accede directamente desde la calle Alfarería, a través de una gran verja de hierro pintada de verde, en cuya parte alta pone “año 1900”, fecha de construcción del edificio. Tiene forma rectangular, con el suelo adoquinado y un pozo de donde se saca agua para dar de beber a los animales. En la planta baja hay dos portones de madera que dan acceso a las cuadras para guardar los burros y otros animales de carga.

Lola Gómez de Barros

 

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