Década octava y cuarta

Década octava (parte I)

Echo de menos a los que ya no están, pero sobre todo me entristece no estar acompañada por mi madre, que se fue de nuestro lado siendo nosotras muy jóvenes; por supuesto, sin olvidarme de mi padre, ni de mí siempre amado Jesús, de mi hermana pequeña Consuelo y cómo no, de mi gran y querida amiga Sara.
Sí, mi amiga Sara estuvo a mi lado en momentos muy, muy difíciles de mi vida. Me ayudó a comprender y superar algunos de esos obstáculos que la vida te pone delante, y a los que una misma no ve solución.
Sara abandonó este mundo para ir, según sus creencias, a un nivel superior.

Década cuarta (parte II)

En los días posteriores a su estancia nos pusimos al día de muchos temas, especialmente del referido a por qué se mar charon tan precipitadamente para Argentina y, sobre todo, por qué tardaron tantos años en regresar. Parecía suficiente el motivo de estar embarazada, dada la feroz crítica que recibían en aquellos años -y ahora todavía- las mujeres que se quedaban en estado sin estar casadas, considerando la doble moral, la falsa piedad, la hipocresía y el rechazo a mantener relaciones sexuales pre-matrimoniales. ¡La gente podía llegar a ser muy cruel, sin mirarse nunca su propia joroba!
Así pues, averigüé que había otro motivo de peso por el cual decidieron marcharse del país: Agustín andaba metido en política, repartiendo octavillas y participando en reuniones clandestinas.

Esperanza Márquez Fernández

 

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