Década quinta y octava

Década quinta (parte I)

El 4 de marzo de 1964 nacieron mis hijos, Ana y Damián. Fue un parto muy difícil, sobre todo por mi edad y porque casi no tenía fuerzas, ni física ni mentalmente. Todo el embarazo fue complicado, porque los vómitos me acompañaron durante meses y porque mi ánimo no era el más apropiado para algo así. El tiempo se me hizo eterno, solo quería que pasara lo antes posible y que todo saliera bien. A sabiendas de que el nacimiento del pequeño me impediría trabajar, y no sabía hasta cuándo.
La sorpresa mayúscula vino cuando mi hermana y la comadrona me dijeron que no venía uno, sino que eran dos.

Década octava (parte II)

Mis hijos nos animaban a que nos inscribiéramos a esas excursiones que hacían para la tercera edad. Yo era algo reticente, dada las edades que ya teníamos para andar viajando de aquí para allá; sin embargo, mi hijo Antonio nos apuntó
106 y comenzamos a hacer viajes, conocer otros sitios inesperados y hacer nuevos amigos, con los que salíamos a menudo por la ciudad. Muchos pensaban que éramos pareja, pero de eso yo no quería ni escuchar hablar. Prefería verlo como un amigo y nada más.

Mª Carmen Castillo Crespo

 

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