Década séptima y quinta

Década séptima (parte I)

Jamás habría pensado que llegaría a vivir para cumplir setenta años. Una arruga aquí, otra allá, es duro verlas en tu rostro, pero al final te acostumbras y aprendes a vivir con ellas. Lo difícil es caminar por el mundo con cientos de éstas en el corazón, esas sí que te ponen el camino cuesta arriba.
Mi vida se había convertido en trabajar y trabajar pensando en el futuro, y llorar y llorar pensando en el pasado. Lo importante, y también lo más difícil, es intentar disfrutar del presente. Es una pena que no me diese cuenta antes, pero nunca es tarde para cambiar de camino.

Década quinta (parte II)

Una calurosa tarde de verano de 1963, mientras yo estaba descansando después de un intenso día de trabajo, llamaron a la puerta. Al abrirla me encontré a una joven que calculo tendría unos treinta años. Tenía un pelo rubio precioso y me pidió pasar.
Mientras ella encontraba las palabras que quería decir, mis ojos no pudieron evitar recorrerla de arriba abajo. Su piel, sus manos, su ropa, se veía a leguas que era una señora de clase. Cuando bajé de mi nube fui reconstruyendo sus frases como si fuese un mecano, y uniendo todo este rompecabezas, me enteré de que estaba enamorada de mi Antonio y que esperaba un hijo suyo.
Me desconcertó tanto imaginármela enredada en la cama con mi hijo, que hasta suspiré aliviada cuando me aclaró que su Antonio era mi marido. Y así fue como me enteré de que mi esposo tenía una amante.

Conchi Fuentes Bernal

 

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