Década sexta y tercera

Década sexta (parte I)

Parece mentira, soy viuda hace ya dieciocho años y sigo hablando con él todos los días. Con el paso del tiempo me doy cuenta de lo joven que era cuando se fue, y la responsabilidad que tenía con los mellizos en camino. Yo misma me recuerdo y me doy pena, pena de esa mujer, sin padres, pero con unos hermanos suficientemente unidos como para ayudarme y levantarme. Sin ellos no hubiera podido vivir; porque en los momentos difíciles, sin alguien que te ayude no puedes seguir. Por ello me siento afortunada, porque he conocido a muchos que no han tenido esa suerte para continuar y han sido seres desgraciados.
No he vuelto a enamorarme. Es difícil encontrar a un hombre que se le parezca.

Década tercera (parte II)

Tenía veinte años cuando algo cambió en mi interior. Todo dejó de ser tan posible y tan bonito. Porque aún, con las terribles dificultades que se vivían dentro y fuera de casa era feliz. Tenía una capa protectora muy dura: mis hermanos, mis padres; muchas personas me protegían de la vida y de sus vaivenes. Yo sólo respiraba seguridad y eso era demasiado en época insegura. Era inconsciente. Ignorante. ¿Por qué me habían protegido tanto? ¿O es que realmente fui yo la que no quería ver todo lo que pasaba a mi alrededor?
Pasé una guerra con tantos miedos que era incapaz de reaccionar con realismo, y me creé un caparazón irreal. Ahora lo sé. En los momentos más terribles y con mis libros de aventuras, me alejaba de la realidad. Era el mejor escape para no sufrir.

Mónica Bilbao

 

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