Diecisiete escalones

Manuel Cruz Cabello

 (Vivencia de otro enfermo)

Todos estos hechos acercan a mi memoria los meses tan duros que pasamos yendo y viniendo a las consultas externas del hospital. Aquellos terribles veranos en los que mi enfermedad requería, tan solo, un nuevo tratamiento paliativo y la suya se acentuaba y sufría brotes más severos.

Recuerdo a muchísimos médicos realizándole todo tipo de pruebas. Algunas, probadas con el paso del tiempo, eran meros intentos desesperados por encontrar su cura o un tratamiento capaz de controlar uno de sus tantos brotes.

Como en aquel mes y medio en el que lo dejaron sin comer. Un mes y medio a base de unos batidos específicos con todo tipo de nutrientes necesarios para sobrevivir. Hoy por hoy, ese producto se comercializa en las farmacias como complemento vitamínico para niños con mala alimentación.

Era increíble la fortaleza mental que puede desarrollar un niño ante aquella situación. Aparentemente demostraba total entereza; no obstante, pensé que probablemente fuera sólo eso, apariencia, pues me resulta difícil digerir cómo de duro tuvo que ser aquello para mi amigo cuando tan sólo teníamos doce años. ¡Yo lo admiraba por ello!

Tener que comer se convirtió en una condena, tanto para él, como para su familia.

Manuel Cruz Cabello

 
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