El espacio y el tiempo de los otros

Fragmento del Relato

Ayer hizo un año que entré en la Asociación. Casi puedo decir que ayer hizo un año que empecé a vivir de nuevo. Por eso hoy quiero plasmarlo en papel, para poder recordarlo cada vez que sea necesario, cuando tropiece, que lo haré, seguro; tengo que tener muy claro dónde están mis herramientas para evitar volver a caer en esa espiral de autodestrucción en la que he estado sumida desde que murió mi hija.

Quien diga que todo se supera no ha pasado por la muerte de un hijo. Es algo que no puede superarse; se aprende a vivir con el dolor, con el recuerdo, con la impotencia, con las dudas, pero no se supera. Vas dejando que la vida pase, dejas que te ilusionen otras cosas, vuelves a crear rutinas distintas, intentas ocupar tus tiempos y tus espacios con otras obligaciones, con otros afectos, pero siempre llega ese momento en que vuelve a hacerse presente el dolor por haber perdido tu posesión más preciada.

Me llamo Gloria, tengo sesenta y un años, tres hijos, una hija, ocho nietos. Soy viuda desde los treinta y cuatro años.

Carmen Mudarra Vela

 
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