Rosa fuerte

Fragmento del Relato

¡Ufff! ¡Y ahora qué hago yo! A ver, vamos por partes: Desde los nueve años, cada vez que necesito desahogarme, poner mis ideas en orden, reflexionar o tomar decisiones importantes, cojo un papel y un lápiz y me pongo a escribir. Tener que buscar la forma de narrar mis pensamientos con coherencia, claridad, incluso con elegancia si la ocasión lo permite, me obliga a centrarme y a enlazar ideas, a indagar en mis sentimientos y a deshacerme de mucha paja que de otro modo me llevaría a estancarme a menudo en verdaderos barrizales emocionales.

A veces me sorprendo pensando como un viejo, sobre el amor, la salud, la amistad, sobre mi propia vida, al fin y al cabo; otras, mis deseos me llevan a una ya lejana adolescencia de la que me gustaría no salir, exenta de problemas, responsabilidades... Sin embargo, por suerte, la mayor parte de las veces me quedo en ese término medio que da la madurez (que no los años), y consigo mantener una visión más o menos objetiva de lo que es mi vida y mi historia.

Ahora necesito más que nunca ese equilibrio. Necesito encontrar el modo de contener el miedo, la rabia, la impotencia, el deseo absurdo de que la realidad sea distinta a la que en este momento se me presenta.

Eran las 21.30 del domingo 28 de noviembre de 2010; estaba en la cocina terminando de preparar un sinfín de tapers con los almuerzos y cenas de la semana, repartidos en raciones de uno, tres y cuatro comensales, respondiendo a un minucioso trabajo de elaboración y organización doméstica...

Carmen Mudarra Vela

 
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